Una humilde propuesta – 4

para redimir la fiesta de los toros y devolverle su vigor y nobleza

La sociedad en su conjunto —y algunos grupos de activistas con especial arrojo — clama por la prohibición de la llamada, en España, “fiesta nacional” y con muy buenas razones. Unos pocos la defienden, casi siempre amparándose en la tradición, bien de forma explícita con argumentos airados, o bien de forma tácita mediante el simple acto de comprar un puro e ir a la plaza en cuanto tienen ocasión.

La fiesta de los toros es, en efecto, un resto bárbaro de tiempos que ya han quedado atrás. El espectáculo se ha vuelto innoble, y eso sin llegar al grado en el que los toreros, como se especuló en algún momento, lleven sus trajes de luces cubiertos por anuncios, como sucede, por ejemplo, en las carreras de aparatos a motor de explosión, donde la falta de nobleza y de buen gusto cuentan como algo ventajoso.

Sin embargo, lo queramos o no, la tradición es ahora valiosa, aunque sólo sea por la poca que nos queda. Quizá devolviendo algunos de los aspectos de la fiesta de los toros a las condiciones en las que nació, recupere la nobleza y se pueda dar gusto a todo el mundo.

Por eso propongo humildemente establecer una regla por la que sólo los veganos puedan acceder a la plaza, los pertenecientes a una hipotética peña taurina vegana que certificaría la condición de sus miembros y repartiría las localidades. La fiesta fue en sus primeros tiempos una transgresión que los espectadores -entonces “integrantes” y “oficiantes” todos- experimentaban con recogimiento y comunión entre ellos y con el animal. En nuestros tiempos, sólo los veganos pueden sentir el sacrificio del animal de forma aguda y personal, y sólo los veganos valientes deberían poder ir a la plaza. Para quienes antes de asistir a la muerte del toro se han comido un filete, la muerte en la plaza es una burla al animal, además de a los veganos y al género humano.

No merecen la corrida ni los que saben “de toros”, los que tienen toda la información de ganaderías y de toreros; ni los que saben de técnicas, de historia del toreo, de tipos de pases y de ejemplos históricos; tampoco los que tienen esa intuición artística que les hace disfrutar de una buena corrida y detestar una mala, con la intensidad que nunca la disfrutarán ni detestarán los que no saben; por supuesto que tampoco los que sólo quieren beber de la bota, gritar, o asistir a una cogida. Ninguno de esos la merecen (a menos que a la vez sean veganos, circunstancias que no concurren a menudo). Sólo los que conocen el significado profundo de la fiesta, quienes transgreden sus propios límites, los que saben lo que la muerte del animal significa en la vida y la muerte del ser humano y, todavía más, en su propia muerte personal, pueden llevar la fiesta a su esplendor original. Esos son los veganos. Saber de toros es saber lo que tienen los toros que no se puede aprender en el futbol -fiesta nacional ésta que mejor si estuviera prohibida-.

Si esta solución es atendida y experimentada, se podría después hacer algo parecido con el mundo del arte.

Oil paint

Artforum reports that ninety-two museum directors have signed up a document to denounce the targeting of works of art by climate change activists. How could it be otherwise? What is more important to a museum director than not having his marble soiled, than defending the importance of art and culture, than avoiding these vexing problems? That is his job, that is what his salary and his joy depend on.

Also many sensitive people, lovers of art and cultural objects, believe that the activists are wrong because these works are very valuable, property of all humanity, because it gives a bad image to the cause, because art is aloof of the schemes of the oil industry and polluting governments. Of course, these people are in favour of defending the planet, being as sensitive as they are, but that’s not the way, they think – and they write it in newspapers and blogs, too.

Good. The activists have chosen the correct target – whether they know it or not, whether they do it for the right reasons or the wrong ones. First, because – it should be remembered – culture is the opposite of nature. What is cultivated is what is extracted from its natural state and, in one way or another, for the purpose of exploiting the resources contained in nature. These works targeted, the more culturally valuable they are, the more guilty they are with regard to the destruction of nature. They are guilty, for example, of attracting thousands of tourists who, in order to see them, fly like flies, but on regular airlines, from all over the planet (that is what the directors of the museums want, that more tourists fly to see this «heritage of humanity»).

These works are valuable, and the tip of an iceberg that global warming is fattening while contributing to global warming: how many, lesser-known, works are in museum halls, in basements, in galleries, in artists’ studios, all of them with their modest contribution of CO2 to the atmosphere! How often do these works travel in bulky crates, with their specialised staff, with all the papers in order! How many of them go from one continent to another to art fairs and with them their artists, sellers, collectors, spotters and careerists! How many art gadgets are born in studios all over the world, with their colossal expenditure of raw materials, with their tacit support of the oil companies!

Are these works under attack valuable? So are the ones next to them in the museum. And the cars owned by Sir Norman Foster that were shown at the Guggenheim, and the fashion designers’ suits that have been exhibited in many museums. And – one cannot be elitist – macro-concerts are also valuable, and all the amusement parks, Marvel or Disney, and jet skis are culture; football cups, and local football matches; it goes without saying that gastronomy, whale meat or barnacles, are culture. Because in this democratic world, no one is willing to give up and under this totalitarian regime imposed by the media, these works have the same value as Jenifer Lopez’s tours, for example – for activists, of course, who would gladly throw soup at Jenifer Lopez, for the good of the planet, or glue themselves to her calves with super glue.

I have my objections to the actions of activists and the responses they provoke:

The first condition for defending art – coherently with art – is to know and make explicit its premise: art has no value, let alone art objects.

The first condition for defending the planet – coherently with the planet – is to denounce the real problem it faces, which is neither CO2, oil companies, insidious governments, nor capitalism. It is the arrogance of human beings, their culture but above all, above all, their number. As I wrote recently in a pamphlet book: it’s your children, stupid.

Pintura al aceite

Dice Artforum que noventa y dos directores de museos han firmado un documento denunciando el hecho de que los activistas contra el cambio climático utilicen las obras de arte como objetivos. ¿Cómo podría ser de otra manera? ¿Qué hay más importante para un director de un museo que que no le ensucien el mármol, que defender la importancia del arte y la cultura, que evitar esos problemas enojosos? Ése es su trabajo, de eso depende su sueldo y su alegría.

También muchas personas sensibles, amantes de los objetos artísticos y culturales, creen que los activistas se equivocan, porque estas obras son muy valiosas, propiedad de la humanidad, porque da mala imagen a la causa, porque el arte está al margen de los manejos de la industria petrolera y de los gobiernos contaminantes. Por supuesto que estas personas están a favor de la defensa del planeta, siendo lo sensibles que son, pero esas no son maneras, piensan – lo escriben en los periódicos y en los blogs, también—.

Bueno. Los activistas han escogido el objetivo adecuado – lo sepan o no, lo hagan por las razones correctas o por equivocadas—. Primero, porque —hay que recordar— la cultura es lo contrario a la naturaleza. Lo que se cultiva es lo que se extrae de su estado natural y, de una manera u otra, con el propósito de explotar los recursos que contiene la naturaleza. Estas obras atacadas, cuanto más valiosas culturalmente, más culpables son con respecto a la destrucción de la naturaleza. Son culpables, por ejemplo, de atraer miles de turistas que, para verlas, vuelan como moscas, pero en líneas regulares, desde todos los puntos del planeta (eso quieren los directores de los museos, que más turistas vuelen a ver ese “patrimonio de la humanidad”).

Estas obras son valiosas, y la punta de un iceberg al que el calentamiento del planeta hace engordar a la vez que contribuye más al calentamiento: ¡cuántas obras, menos conocidas, hay en las salas de los museos, en los sótanos, en las galerías, en los estudios de los artistas, todas ellas con su modesta contribución de CO2 a la atmósfera! ¡Cuántas veces viajan esas obras en cajas aparatosas, con su personal especializado, con todos los papeles en regla! ¡Cuántas van de un continente a otro a ferias de arte, y con ellas sus artistas, vendedores, compradores, avistadores y arribistas! ¡Cuántos artilugios nacen en los talleres del mundo entero, con su gasto descomunal de materias primas, con su apoyo tácito a las empresas petrolíferas!

¿Son valiosas estas obras atacadas? Lo serán también las que hay junto a ellas en el museo. Y los coches de Sir Norman Foster que se mostraron en el Guggenheim, y los trajes de modistos que se han exhibido en muchos museos. Y -no se puede ser elitista-, también son valiosos los macroconciertos, y todos los parques de atracciones, de Marvel o Disney, y las motos de agua son cultura; el mundial de fútbol y todas las ligas; ni que decir tiene que la gastronomía, la carne de ballena o los percebes son cultura. Porque en este mundo democrático al que nadie está dispuesto a renunciar y bajo este régimen totalitario que imponen los medios de comunicación, esas obras tienen el mismo valor que las giras de Jenifer Lopez, por ejemplo – para los activistas por supuesto y, con gusto tirarían sopa a Jenifer Lopez, por el bien del planeta, o se pegarían a sus pantorrillas con superglue.

Tengo mis objeciones a las acciones de los activistas y a las respuestas que provocan:

La condición primera para defender el arte – coherentemente con el arte – es conocer y hacer explicita su premisa: el arte no tiene valor y, cuánto menos los objetos artísticos.

La condición primera para defender al planeta – coherentemente con el planeta — es denunciar el problema auténtico con el que se enfrenta, que no es ni el CO2, ni las empresas petroleras, ni los gobiernos insidiosos, ni el capitalismo. Es la arrogancia de los seres humanos, su cultura, pero sobre todo, sobre todo, su número. Como he escrito hace poco en un libro panfleto: son vuestros hijos, estúpidos.

10th of November

Yesterday we shot day ten, which means that a third of the project is done. The video presented in the galleries already reveals part of the content of the conversation between the two actors. It is a self-referential dialogue, which describes the functioning, development and implications of the project. In the first shots, the most practical part, that of my travels, is explained. Then it begins to go over all the issues involved specifically in the work: the cinematographic aspects, the narrative aspects, the relationship with time, with standardisation, with speed and anxiety, with capitalism, with the phenomenon of representation, with trains… I am very grateful to Robert and Bill, who magnificently put into voice what is written. And to Juande and Roi, who make sure everything is ready when I arrive in terms of camera and sound.

I’m more tired than I thought I would be, and there’s still a long way to go. It’s mainly the fault of the train delays, which are at least half an hour every day. It seems that this train line is the one that accumulates the most incidents in Spain. Every minute I’m late means a little less sleep. I have a bit more time in Barcelona, but the gallery is far from the station. In Santiago, the time is very tight.

By this time I already have a significant feeling of unreality. I have had so many seatmates in the last few days! I have heard so many crazy and serious conversations, angry arguments and protests! The onboard sales service has passed by me so many times! The components that contribute to the «unreal» are: tiredness, the repetition of scenery, the repetition of the rounds of the conductor, the feeling of exaltation that sometimes comes over me, the feeling of ridicule and decadence, the lack of physical exercise, the long readings, the effort to edit the video on the laptop, the thirteen hours a day of rattling that my body and my head are subjected to…

The experiment is succeeding, for the moment, as I have felt a few emotions that are not in the script, that I didn’t even know could assail me, and whose descriptions I have written down for when they are just a memory.

More another day.

Tomorrow the exhibition opens at the ethall gallery in Barcelona, together with the inauguration of Marc Larré’s show in the main space.

Día 10 de noviembre

Ayer rodamos la toma diez, lo que significa que está hecha la tercera parte del proyecto. El video que se presenta en las galerías ya desvela parte del contenido de la conversación que mantienen los dos actores. Se trata de un diálogo autorreferencial, que describe propiamente el funcionamiento, el desarrollo y las implicaciones del proyecto. En las primeras tomas se explica la parte más práctica, la de mis viajes. Luego empieza a repasar todos los temas que implica la obra de forma específica: los aspectos cinematográficos, los narrativos, la relación con el tiempo, con la estandarización, con la velocidad y la ansiedad, con el capitalismo, con el fenómeno de la representación, con los trenes… Estoy muy agradecido a Robert y Bill, que ponen en voz magníficamente lo escrito. Y a Juande y a Roi, que se ocupan de que todo esté listo cuando llego en cuanto a la cámara y el sonido.

Estoy más cansado de lo que pensaba que iba a estar, y todavía queda mucho. La culpa, sobre todo, es de los retrasos de los trenes, que todos los días son de una media hora por lo menos. Parece ser que esta línea es la que acumula más incidencias en España. Cada minuto que llega tarde significa algo menos que duermo. En Barcelona tengo un poco más de tiempo, pero la galería está lejos de la estación. En Santiago el tiempo está ajustadísimo.

Para este momento ya tengo una sensación significativa de irrealidad. ¡He tenido ya tantos compañeros de asiento en estos días! ¡he oído tantas conversaciones disparatadas y serias, discusiones airadas y protestas! ¡Ha pasado tantas veces a mi lado el servicio de venta a bordo! Los componentes que contribuyen a lo irreal son: el cansancio, la repetición de paisajes, de revisores, la sensación de exaltación que me viene a veces, la sensación de ridículo y decaimiento, la falta de ejercicio físico, las largas lecturas, el esfuerzo para editar el video en el portátil, las trece horas diarias de traqueteo al que mi cuerpo y mi cabeza están sometidos…

El experimento está teniendo éxito, por el momento, ya que he sentido unas cuantas emociones que no están en el guion, que ni siquiera sabía que me podían asaltar, y cuyas descripciones he apuntado para cuando sean sólo un recuerdo.

Otro día, más.

Mañana se abre la exposición en la galería ethall de Barcelona, junto con la inauguración de la exposición de Marc Larré en el espacio principal.

Commuting Time

Rodaje del día 1 de noviembre en ethall, Barcelona. Fotos de Juande Jarillo

Desde el día uno de noviembre estoy inmerso en uno de esos proyectos absurdos en los que caigo de tiempo en tiempo. También estoy sometido a él; estoy a sus órdenes. Voy a estar todo el mes en un tren, viajando 13 horas diarias, cruzando el norte de España cada día.

Se trata de una doble exposición, en Trinta en Santiago de Compostela y en ethall en Barcelona, con un rodaje y una especie de performance – aunque siento como si esta palabra dignificara una actividad que, sobre todo, es ridícula-. El conjunto se llama “Commuting Time”. Aquí está la nota de prensa de Galería Trinta, donde se explica el asunto con detalle.

“Commuting Time”, o “Cum Tempore”, “C.T.” es una obra de carácter performático que sucede simultáneamente en dos galerías. Durante todo el mes de noviembre se registra en video una conversación entre dos personas, en treinta tomas, conforme al recurso cinematográfico del plano-contraplano. La peculiaridad de esta grabación es que cada toma está realizada en dos ciudades distintas, Barcelona y Santiago de Compostela, alternadamente y 24 horas después. En el medio del plano, asistiendo a la conversación, se encuentra siempre el artista, lo que le obliga a desplazarse cada día físicamente entre esas dos ciudades, un viaje en tren de unas 13 horas que cubre una distancia de 900 kilómetros.

Es decir, mientras el visitante observa esta obra en la galería Trinta/ethall, el artista, con casi total seguridad, o se le está aproximando, o se está alejando él.

Se trata de una operación esencialmente técnica, de una experiencia extremadamente artificial. Para el artista requiere una preparación y disposición de ánimo parecida a la de un viaje espacial, en cuanto a los largos desplazamientos, los objetivos de la misión, las condiciones físicas y psíquicas de los participantes. ¿Cómo mantener una dieta equilibrada, o una buena forma física en esas condiciones de ingravidez?, ¿qué experimentos realizar durante el viaje?, ¿cómo desarrollar las actividades extravehiculares, del tren a la galería y al hotel, del hotel al tren de nuevo en la mañana?, ¿cómo hacer frente las tareas de grabación en las dos estaciones espaciales, en Barcelona y en Santiago? Es necesario ajustar todos los parámetros simultáneamente, coordinar a los actores y a los técnicos, entre ellos y con el artista: sumisión completa a los mecanismos y sus tiempos, un gran esfuerzo de coordinación y sincronicidad, pasivo y activo.

Y total, ¿para qué? La intención, expresada con determinación mediante actos y palabras, es que el video resultante no se distinga del que se obtendría rodando todas las tomas en la misma habitación y en una sola tarde. Es un objetivo que se puede calificar de absurdo conforme a muchos criterios. ¿Pesará más la conversación, a causa de esta cláusula oculta?

Aunque para el espectador no haya diferencia, la obra, sin duda va a tener un efecto en el artista, por este derroche ilógico repetido, de tiempo, de dinero, de energía, por esta serie exhaustiva de actos insignificantes. Su vida este mes se vuelve una constatación de que, sólo en la medida en la que se destruye el tiempo -el tiempo personal, el que le queda de vida-, el arte y la vida —el arte y la muerte— se vuelven equivalentes.

Trinta.net

Commuting Time

Shooting on the 1st of November in ethall, Barcelona. Photo by Juande Jarillo

Since the first of November I have been immersed in one of those absurd projects into which I fall from time to time. I am also subject to him; I am at his command.I’m going to spend the whole month on a train, travelling 13 hours a day, crossing the north of Spain every day.It’s a double exhibition, at Trinta in Santiago de Compostela and at ethall in Barcelona, with a film shooting and a kind of performance – although I feel as if this word dignifies an activity that, above all, is ridiculous. The whole thing is called «Commuting Time». Here is the press release from Galería Trinta, where the matter is explained in detail.

«Commuting Time», or «Cum Tempore», «C.T.» is a performative work that takes place simultaneously in two galleries. During the whole month of November, a conversation between two people is recorded on video, in thirty takes, using the cinematographic device of the shot-reverse-shot. The peculiarity of this recording is that each shot is taken alternately in two different cities, Barcelona and Santiago de Compostela, and 24 hours later. In the middle of the shot, attending the conversation, is always the artist, which obliges him to physically travel between these two cities every day, a train journey of some 13 hours covering a distance of 900 kilometres.

In other words, while the visitor is looking at this work in the Trinta/ethall gallery, the artist is almost certainly either approaching him or moving away from him.

This is an essentially technical operation, an extremely artificial experience. For the artist it requires a preparation and a state of mind similar to that of a space journey, in terms of the long travelling, the objectives of the mission, the physical and psychological conditions of the participants: how to maintain a balanced diet, or a good physical shape in these weightless conditions, what experiments to carry out during the journey, how to develop the extra-vehicular activities, from the train to the gallery and the hotel, from the hotel to the train again in the morning, how to cope with the recording tasks in the two space stations, in Barcelona and in Santiago, how to adjust all the parameters at the same time, and how to make the filming in the two space stations, in Barcelona and in Santiago? It is necessary to fine-tune all the parameters simultaneously, to coordinate the actors and the technicians, between them and with the artist: complete submission to the mechanisms and their times, a great effort of management and synchronicity, passive and active.

And all in all, what for? The intention, expressed with determination through actions and words, is that the resulting video is indistinguishable from the one that would be obtained by filming all the shots in the same room and in a single afternoon. It is an objective that can be described as absurd according to many criteria. Will the conversation be heavier because of this hidden clause?

Even if it makes no difference to the spectator, the work will undoubtedly have an effect on the artist, because of this repeated illogical waste of time, money, energy, because of this exhaustive series of insignificant acts. His life this month becomes a realisation that, only to the extent that time is destroyed – personal time, the time he has left to live, art and life – art and death – become equivalent.

www.trinta.net

Narrow Mind: I have started a small publishing project for unpublishable books, first my own, but hopefully soon also those of other authors. The publishing house’s criterion is that the texts are either unpalatable to the public or annoy them enough to discourage their publication. I will report on the first two volumes in a few days.
*It is necessary to point out that the narrow mind is that of the publisher, not that of the public which is always as wide as a large well.
www.narrowmind.eu

Narrow Mind, mente estrecha: he empezado un pequeño proyecto editorial para libros impublicables, primero los míos propios, pero espero que pronto también los de otros autores y autoras. El criterio de la editorial es que los textos le traigan al público sin cuidado, o le molesten los suficiente para desaconsejar su publicación. Dentro de unos días informaré sobre los dos primeros volúmenes.
*es necesario puntualizar que la mente estrecha es la de la editorial, no la del público que es siempre ancha como un gran pozo.
www.narrowmind.eu

El problema de la inducción de Bertrand Russell

Bertrand Russell’s Induction Problem

It contains English Subtitles.

La nitidez de este punto es ilustrada por un ejemplo algo truculento atribuido a Bertrand Russell. Cuenta que un pavo descubrió en su primera mañana en la granja que le daban comida a las 9. Después de ver repetida la experiencia diariamente durante semanas, el pavo creyó que podía seguramente sacar la conclusión «Siempre como a las 9 de la mañana». Pero, ¡ay! se demostró de manera indudable que esta conclusión era falsa cuando, la víspera de la Navidad, en vez de darle la comida le cortaron el cuello. El razonamiento del pavo le condujo desde un número de observaciones verdaderas a una conclusión falsa, lo que indica claramente la invalidez del razonamiento desde el punto de vista lógico.” Alan Chalmers

This straightforward point is illustrated by a somewhat gruesome example attributed to Bertrand Russell. It concerns a turkey who noted on his first morning at the turkey farm that he was fed at 9 am. After this experience had been repeated daily for several weeks the turkey felt safe in drawing the conclusion «I am always fed at 9 am». Alas, this conclusion was shown to be false in no uncertain manner when, on Christmas eve, instead of being fed, the turkey’s throat was cut. The turkey’s argument led it from a number of true observations to a false conclusion, clearly indicating the invalidity of the argument from a logical point of view. Alan Chalmers

Una humilde propuesta – 3

para una distribución más justa del turismo en el mundo

Resulta enormemente esperanzador y reconfortante observar los nobles esfuerzos que hacen muchas personas en todo el planeta para suministrar a sus semejantes alimentos sanos, producidos de forma sostenible, a través del comercio justo, con valor cultural y que han sido criados y cultivados cerca del lugar donde se consumen.

Dada la triste circunstancia de que los servicios que estos negocios ofrecen tienen necesariamente un precio más elevado que los de otros establecimientos sin escrúpulos, esta actividad económica no puede mantenerse si cuenta como clientes, en exclusiva, con sus convecinos más pudientes y ha de abrirse también, lógicamente, a los pudientes de otros barrios, ciudades, o países que están de visita en su localidad.

¡Qué ironía del destino es que quienes tanto esfuerzo y entusiasmo ponen en limitar los ingredientes de su cocina a productos slow food y kilómetro cero acaben trabajando para comensales que vienen desde lugares remotos en medios de transporte velocísimos!

Una solución para compensar esta paradoja podría consistir en exigir el certificado de empadronamiento a los clientes, y rechazar servir a aquellos que vienen de fuera. Pero ¿qué establecimiento alcanzaría las ventas necesarias para mantener ese régimen? Probablemente cerrarían todos los restaurantes que no estuvieran situados en localidades ricas o muy concienciadas (y que mantuvieran, todavía, la cercanía con los productores).

Otra solución consistiría en establecer los precios de los platos de forma dinámica, es decir, que quedaran definidos por una fórmula uno de cuyos factores fuera el número de kilómetros desde el lugar de empadronamiento del cliente hasta la localización del restaurante: cuantos más kilómetros hubieran recorrido para ir a cenar, más deberían pagar por la cuenta. Éste es, ciertamente, un procedimiento que responde a un modelo clásico capitalista, por el que sólo pueden viajar, comer bien, y sentirse exclusivos los ricos, sean de donde sean.

La alternativa más justa que se me ocurre (aún sin alcanzar el grado de perfección de otras propuestas de este blog) es crear una nueva clasificación de los establecimientos Slow Food y Kilómetro cero, que los divida en varios grupos:
– A, los que sólo aceptan comensales de su barrio, estrictamente kilómetro cero.
– B, los que aceptan también de su ciudad.
– C, aquellos que aceptan todos los clientes que viajen desde su mismo país.
– D, aquellos que aceptan clientes de cualquier lugar de su continente.
– E, los que no hacen ascos a ningún cliente, venga de donde venga, como lo son ahora todos.
Aquellos que viajen desde lejos serían condenados simbólicamente por las plataformas concienciadas, en alguna medida, y obligados a comer en sus viajes sólo fast food.

Porque la solución definitiva y sin atender a compromisos —es decir, que cada uno coma en su casa y únicamente los productos que pueda cultivar en su jardín—, parece, por el momento, imposible de defender en ningún foro, y cuanto menos de implementarla a nivel global.

A Modest Proposal

for a fairer distribution of tourism in the world

It is enormously encouraging and comforting to see the noble efforts of many people around the world to provide their fellow human beings with healthy, sustainably produced, fair trade and culturally valuable food that has been raised and grown close to where it is consumed.

Given the sad circumstance that the services these businesses offer are necessarily more expensive than those of other unscrupulous establishments, this economic activity cannot be sustained if it has as its clients, exclusively, its wealthiest neighbours and must also open up, logically, to the wealthy from other neighbourhoods, cities, or countries who are visiting their area.

What irony of fate is it that those who put so much effort and enthusiasm into limiting the ingredients of their cuisine to slow food and zero-kilometre products end up working for diners who come from remote places in extreme fast means of transport?

One solution to compensate for this paradox could be to require a certificate of census registration from customers, and to refuse to serve those who come from abroad. But which establishment would achieve the sales necessary to maintain such a regime? Probably all restaurants that are not located in wealthy or highly militant areas (and that are still close to the producers) would close down soon.

Another solution would be to set the prices of dishes dynamically, i.e. to define them by a formula, one of the factors of which would be the number of kilometres from the customer’s place of residence to the location of the restaurant: the more kilometres they had travelled to dine, the more they would have to pay for the meal. This is certainly a procedure that responds to a classic capitalist model, whereby only the rich can travel, eat well, and feel exclusive, wherever they are from.

The fairest alternative I can think of (even without reaching the degree of perfection of other proposals in this blog) is to create a new classification of Slow Food and Zero-Kilometre establishments, dividing them into various groups:

  • A, those that only accept diners from their neighbourhood, strictly zero-kilometre.
  • B, those that also accept diners from their town.
  • C, those that accept all customers travelling from the same country.
  • D, those who accept customers from anywhere on their continent.
  • E, those they don’t turn their nose up at any customer, wherever they come from, as are all restaurants now.

Those travelling from far away would be symbolically condemned by the planet-minded platforms, to some extent, and forced to eat only fast food on their journeys.

Because the ultimate, uncompromising solution – i.e. that everyone eats at home and only eats what they can grow in their own garden – seems, for the moment, impossible to defend in any forum, let alone implement it on a global scale.